En el ensayo “Spain in New York, Circa 1930” escrita por James D. Fernández, la sección que más me intrigó fue “What Federico García Lorca Saw in Nueva York.” En otras clases hemos leído poemas y cuentos cortos de García Lorca, pero nunca supe que tenia la colección de poemas Poeta en Nueva York, y suena realmente cautivadora. Cuando el autor escribe, “García Lorca’s New York presents a strange, desolate, almost post apocalyptic landscape, and the similar, lonely, and out-of-place poeta of the title comes across like an Old Testament denouncer of the violence and emptiness of the fallen city,” inmediatamente supe que leería estos poemas. Siempre he pensado que Nueva York, a pesar de tener miles de personas, cantidades de edificios y muchísimos lugares sociales, es una ciudad un poco triste—no triste por la violencia (ya que ha disminuido bastante desde la época de García Lorca), pero simplemente por la gente que vive aquí. Si uno observa a las personas en sus calles, podrá ver que la mayoría se ven tristes o enojados; casi nunca están sonriendo. La gente aquí esta tan preocupada con sus trabajos y responsabilidades al punto que nunca tienen tiempo de apreciar sus entornos. Creo que esto es lo que García Lorca notó hace ochenta años.
También me interesó mucho la sección del ensayo Immigrants to Exiles. Las frases “The tribulations of the Depression in some ways helped to strengthen the community of immigrants in New York, who were forced to organize a remarkably dense web of association in order to survive. Many enterprising Spanish-born immigrants…would establish businesses and would thrive.” Me sorprendió mucho leer algo positivo sobre la Depresión; casi siempre escuchamos muchas cosas malas y las dificultades que causó la depresión, y por lo tanto, yo no sabía que algunos españoles se habían beneficiado de esta época. Fue maravilloso escuchar otro lado de la historia.