Mientras veíamos el documental “Asturias” creado por Luis Argeo, me quedé sorprendida por la inmensa cantidad de españoles que vivían en Virginia del Oeste a principios del siglo veinte. Una de las personas entrevistadas dijo que en esa época había cien familias españolas por cada tres familias italianas y una familia americana. En el pasado aprendí sobre los inmigrantes españoles e hispanos, los cuales hicieron sus vidas en las ciudades grandes dentro de Nueva York, California, Florida y Texas, pero nunca pensé que había tantos españoles en pueblos tan pequeños y desolados como Spelter de Virginia del Oeste o Donora en Pennsylvania. Aún más sorprendente fue ver la cantidad de personas hispano-americanas o estadunidenses que aprendieron español por necesidad, para poder comunicarse con los españoles. Pienso que hoy en día es muy importante saber otro idioma, especialmente el español; ojalá las personas de otras partes del país fueran tan determinadas para hacerlo.
Lo que no me sorprendió fue que los españoles fueron escogidos específicamente para trabajar en la fábrica de cinc por sus habilidades de trabajo con el calor y/o las condiciones puercas de la fábrica. En mis observaciones, los inmigrantes que conozco de países hispanos o de España son de las personas más trabajadoras que he visto en mi vida.
Además de esto, nunca había visto personas en otros países mandándoles paquetes de ropa, chicles o comida a sus familias en los Estados Unidos; siempre he visto lo contrario—y hasta mi madre y yo hemos enviado paquetes parecidos a nuestra familia en Colombia. El concepto tiende a ser que cuando uno viene a este país, viene a trabajar para ayudar a sus familias en otros países, pero me pareció muy lindo que las personas en España ayudaron a sus familias en Virginia del Oeste—de verdad demostró una unidad muy especial.
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